La cara B fantástica del cine francés (Mandico, Gonzalez y Ossang) – Las otras olas del mar

De todo ese torrente de información que aportan los títulos de crédito finales de las películas modernas, algunas de las pistas más interesantes que puede encontrar el esmerado cinéfilo que aguanta hasta el final se encuentran en el capítulo de agradecimientos. Así pues, en los créditos con los que concluye Les Garçons sauvages, de Bertrand Mandico, aparece entre los agradecimientos el nombre de Yann Gonzalez, el director de Un couteau dans le coeurSIGUE LEYENDO EN http://cinentransit.com/la-cara-b-fantastica-del-cine-frances-mandico-gonzalez-y-ossang/

 

 

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Amanecer

La instalación Personalien de Albert Serra, que se puede visitar en el Museo Reina Sofía de Madrid hasta el 13 de mayo, consiste en dos proyecciones simultáneas en sendas pantallas situadas una delante de la otra, en una amplia sala oscura sin asientos. El visitante tiene dos opciones: ver por entero los 43′ de metraje que se proyectan en uno de los dos lados y luego ver la otra mitad en la siguiente ronda, o ir oteando alternativamente las dos pantallas, como si siguiera un partido de tenis. En cualquier caso, se ponga como se ponga, oirá simultáneamente el audio de las dos proyecciones, como en una réplica a aquel plano de Adieu au langage en que, por el contrario, vemos dos imágenes superpuestas a la vez sobre una sola pista de sonido.

Es, en realidad, una falsa disyuntiva. Así como Rayuela se ha de leer impepinablemente haciendo la rayuela a pesar de la doble opción que plantea Cortázar en su introducción, Personalien se ha de ver en modo partido de tenis. La explicación nos la da el asunto de la propia instalación: en un bosque que el vestuario, el escaso atrezo y el escasísimo diálogo nos invitan a situar en la Francia del siglo XVIII, media docena de personajes participan en una misteriosa orgía nocturna en la que hay tocamientos, sadomasoquismo, masoquismo, lluvias doradas y, sobre todo, mucho voyerismo. Entre el ramaje, se observan unos a otros, presos de una morbosísima atracción. Y los vemos en un par de pantallas que a veces parecen mostrarnos dos perspectivas diferentes de una misma acción y otras veces exhiben claramente dos escenas independientes una de la otra. Por eso, el espectador, guiado por la atracción de sus propios ojos y por el audio de las dos proyecciones, debe ir eligiendo dónde dirigir la mirada en cada momento.

Serra rompe así con un elemento esencial de nuestra forma convencional de afrontar las imágenes cinematográficas: la unidad del plano, el compromiso tácito del espectador por escudriñar la imagen de principio a fin para tratar de abarcarla en todos los sentidos. Eso es imposible aquí, como lo era también en ese plano “doble” de Adieu au langage o en Cábala caníbal, de Daniel V. Villamediana, y cualquier otro uso perspicaz de la split screen. Personalien es una obra que interpela menos a nuestra práctica cinéfila que a nuestro hábito de consumo de imágenes a través de internet, ese errar entre la sobreabundancia que privilegia el fragmento sobre la unidad. Está cambiando nuestra manera de mirar y Serra experimenta con ello.

Así pues, los visitantes, en la cámara oscura en la que se proyecta Personalien, nos convertimos en el tercer plano de la instalación (aunque no recomiendo al lector que adopte la misma actitud onanista que los personajes de la pantalla). Serra se sirve del espacio museístico para hallar esa otra forma de 3D que implica al espectador y lo introduce en el misterioso bosque nocturno en el que se desarrolla la acción, como si fuéramos la protagonista de The Purple Rose of Cairo. Es el mismo bosque inquietante de Malgré la nuit, donde los abismos de la pornografía nos conducen a los límites de la imagen.

Precisamente, a Serra siempre le ha interesado explorar ciertos límites: la duración, las condiciones lumínicas, el foco, la inteligibilidad del sonido. Todo eso está en Personalien, donde filma a sus personajes como esculturas, igual que su admirado Fassbinder, pero entregados al abandono moral de los personajes de Salò o le 120 giornate di Sodoma. De hecho, el marqués de Sade es una referencia ineludible en esta obra que, además de poner en escena ejercicios sadomasoquistas y a veces simplemente sádicos, retoma y enrarece el ambiente del relato erótico dieciochesco; Personalien vendría a ser una variación sobre Història de la meva mort, pues también interpela oblicuamente al mundo literario de Giacomo Casanova.

Y de muerte debemos hablar porque, entre esos personajes deudores de Sade y de Pasolini, emerge una figura, la del rostro deforme y el cuerpo mutilado, que conecta directamente el mundo de ambiguo placer sensual en el que transcurre Personalien con la presencia ineluctable de la putrefacción, la corrupción de nuestra naturaleza y la extinción de nuestro ser. Es decir, como esos rostros horribles de Fellini Satyricon. Serra deviene inesperadamente felliniano; Personalien nos revela que su autor comparte más de lo que aparenta con el cineasta de Rimini, quien también rodó, recordémoslo, un descomunal memento mori a partir de la figura de Casanova.

Personalien, en fin, concluye su doble proyección con un también ambiguo desenlace: al final, acontece el amanecer, una llegada de la luz que actúa como un ángel exterminador que pone fin a la orgía y hace desaparecer a los personajes. Quizás llegar a la luz del cine es también morir un poco, dejar atrás la atracción morbosa de la mirada y acceder a una nueva conciencia, más allá.

 

 

Sitges 2018 – Nunca morirá

No solo hay un género fantástico: el cine es fantástico. Lo es porque lo fantástico parte del extrañamiento del mundo real o cotidiano y eso es algo íntimamente ligado a la naturaleza del cinematógrafo, un dispositivo que encapsula el tiempo, lo repite y lo desordena; que encuadra el espacio convirtiéndolo en un lienzo con ritmo y con vida interior; y también que resucita a los muertos, anticipa el futuro, dialoga con el pasado, hace emerger los espectros de nuestra sociedad… SIGUE LEYENDO EN http://cinentransit.com/sitges-2018/