La cara B fantástica del cine francés (Mandico, Gonzalez y Ossang) – Las otras olas del mar

De todo ese torrente de información que aportan los títulos de crédito finales de las películas modernas, algunas de las pistas más interesantes que puede encontrar el esmerado cinéfilo que aguanta hasta el final se encuentran en el capítulo de agradecimientos. Así pues, en los créditos con los que concluye Les Garçons sauvages, de Bertrand Mandico, aparece entre los agradecimientos el nombre de Yann Gonzalez, el director de Un couteau dans le coeurSIGUE LEYENDO EN http://cinentransit.com/la-cara-b-fantastica-del-cine-frances-mandico-gonzalez-y-ossang/

 

 

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‘Les Quatre soeurs’, de Claude Lanzmann – Lanzmann no es únicamente severo

Podría decirse que toda la aventura cinematográfica acontece en el rostro humano filmado en primer plano: el suspense, la emoción, la memoria, la ausencia, el amor, el odio, la melancolía… Plantar la cámara frente a una cara y filmarla ha resultado ser el gesto más revolucionario y revelador del cinematógrafo a pesar de ser algo tan primigenio… SIGUE LEYENDO EN http://cinentransit.com/les-quatre-soeurs-de-claude-lanzmann/

Todos los films el film

“Si lo entiendo todo, me aburro”, decía Lisandro Alonso en una entrevista incluida en el cofrecito de DVD con el que Intermedio editó el primer tramo de su filmografía. Cuando las oí, me identifiqué profundamente con esas palabras del cineasta argentino. Lo bello del cine y de cada film es su inagotable riqueza. ¿Qué placer hay en algo abarcable sin esfuerzo, en un texto que se domina cómodamente a la primera lectura? Alonso prefiere los espacios abiertos, los relatos con pocos elementos y muchas connotaciones. Y prefiere, por supuesto, el misterio a la certeza.

La libertad, Los muertos, Fantasma y Liverpool, además de su correspondencia filmada con Albert Serra, responden a esa filosofía, transcurren invariablemente en la naturaleza y privilegian la figura del individuo errante, el tipo que viaja en pos de lo desconocido. Y Jauja es, a su vez, un hito en su recorrido, como si Alonso hubiera encontrado el espacio genuinamente misterioso del que emergen sus imágenes. Jauja transcurre en un no lugar donde el tiempo se desdibuja, los sueños se materializan, la realidad y lo que está detrás de ella se confunden, como en la Zona de Stalker o el planeta Solaris.

Sí, es posible que Tarkovsky y todo un cierto cine fantástico haya dejado huella en la obra de Alonso, pero Jauja es una zona donde habitan muchas más cosas, quizás el cine todo. Ahí están, por supuesto, el western, John Ford y The Searchers, alusiones obligadas, pero también el mito de la frontera tan caro a ese género y al cine americano en general; y la espiritualidad del cine de Carl Theodor Dreyer; y esa fría playa fronteriza entre lo humano y lo salvaje de La letra escarlata de Hawthorne y Wenders; y los desiertos del alma de Zabriskie Point o de Gerry; y el extravío en el horror del Kurtz de Conrad y de Coppola; y el vagabundeo y la cháchara del Quijote y el Sancho ampurdaneses de Honor de cavalleria, dicho sea para volver a enfatizar la sintonía entre Alonso y Serra…

Todo ello, observado a través de una obertura inaudita en el cine del 2014, una imagen cuadrada y con los ángulos redondeados que remite inevitablemente a las imágenes del pasado, a las raíces centenarias del cine. Dinesen, el protagonista, busca a su hija y acaba dialogando en una oscura gruta con una anciana que resulta ser ella, ya envejecida por el paso de los años… O tal vez no. En Jauja, se quiebra el concepto de búsqueda, ni que sea incierta, que dominaba los filmes anteriores de Alonso.

¿Viaja Dinesen en el tiempo? ¿O son todos ellos -los soldados, los indígenas, Zuluaga, la hija huida y su enamorado…- la ensoñación de una adolescente danesa de nuestro presente? ¿O todo lo contrario? No tienen respuesta esas preguntas ni las deben tener porque el misterio es el verdadero y único lugar adonde nos lleva el film. Un espacio embrujado donde la tradición y la modernidad se confunden, exactamente como en el cine de nuestro tiempo. El cine es Jauja, la tierra falsamente baldía en la que cada imagen es como una caverna insondable que contiene muchas más imágenes pasadas y futuras, quizás todas. Todos los planos son el cine, todas las películas la película, digamos parafraseando a un añorado compatriota de Alonso.

Frente al concepto de “historia” del cine, que sugiere inevitablemente la idea de un relato lineal, prefiero plantearme una cartografía de las imágenes, la indagación de un mapa inacabado donde vamos descubriendo cada vez más detalles, caminos y conexiones que habían pasado desapercibidos, regiones nuevas y otras que van adquiriendo complejidad cada vez que las transitamos.

Volver al desierto y reencontrarse con el misterio. Porque, si lo entendiéramos todo, nos aburriríamos mortalmente. Jauja es una celebración de ese secreto inextinguible que habita en las imágenes, en las películas, en el cine.