Irritados e inseguros

En Moartea domnului Lãzãrescu y en Aurora, dos de los largometrajes anteriores de Cristi Puiu, la cámara seguía de cerca las cuitas de sendos individuos errabundos que acometían empresas sembradas de escollos. En Sieranevada -que, con la puntualidad exquisita que caracteriza a nuestra cartelera, llega catorce meses después de ser presentada en Cannes 2016-, la cámara no sigue a un personaje sino a muchos rostros alternativamente, los integrantes de un claustrofóbico encuentro familiar en un apartamento de Rumanía. Discuten todos con todos, intercambian agrios reproches, vierten lágrimas, echan algunas risas, rozan la violencia… Y no resuelven nada. Tampoco se sientan a comer de una puñetera vez, retrasando continuamente el inicio del ágape hasta extremos irreales, absurdos, hiperbólicos.

En un film tan lleno de cotidianidad como Sieranevada, donde fácilmente se puede hacer una lectura social o política de su asunto, es ese sutil extravío del realismo lo que le da su verdadero tono. El ambiente de la película, que puede parecer berlanguiano, como una versión de Plácido en la que no se sienta un pobre a la mesa sino que se recibe de mala gana a un pariente problemático y a una joven borracha, acaba guardando una inesperada similitud con el de El ángel exterminador. No es que los personajes no puedan salir de la casa, como en el film de Buñuel: es que no pueden salir de su bucle de conversaciones irresueltas, conflictos irresueltos, vidas irresueltas.

Los comensales empiezan debatiendo sobre la intrínseca ingenuidad que implica creer a pies juntillas tanto las versiones oficiales como las fantasías y los rumores de conspiración; pero enseguida afloran otras formas de sospecha, los secretos y mentiras familiares. Las ocultaciones subyacen bajo las relaciones destruidas y la vida social no se levanta sobre certezas sino todo lo contrario. Sieranevada nos habla de la extrema inseguridad sobre la que avanzamos, como una fina capa de hielo sobre un estanque en invierno. Y no hay que quedarse sólo con el motivo del ambiente claustrofóbico, como si fuera una vulgar alegoría; el mismo bucle desquiciado de inseguridad e irritación está en la calle, en la sociedad entera que aguarda ahí afuera, tal y como muestran la escena del coche mal aparcado o el prólogo de la película, simplemente brillante.

Sieranevada se compone de cuerpos inquietos y en conflicto y de una cámara atribulada que sigue esos cuerpos al tuntún en busca de una historia que no arranca, una comida que no empieza, una ficción que no concreta su trama ni su moraleja, al menos de un modo convencional. El cine es también esa tensión, esa precariedad constante. Somos esa familia desquiciada, esa mezcla de generaciones que han conocido la incerteza en diferentes fases, una búsqueda errática de la verdad o de la modernidad cinematográfica que resulta harmoniosa a pesar de todo. En el cine, como en Sieranevada y en la vida misma, todo es caótico pero, a la vez, divertidísimo.

 

 

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2 thoughts on “Irritados e inseguros

  1. Juan julio 31, PM / 9:52 pm

    Intensa y, en muchos momentos, magistral. Posee la virtud de convertir lo local en universal: aunque se trate de una familia rumana, es fácil reconocerse en ellos o reconocer situaciones que todos hemos vivido. Leí tu texto y sentí ganas de verla. Enhorabuena por el rigor y la perspicacia de tus comentarios.

    Saludos,
    Juan

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