La metamorfosis

Nunca he tenido claro qué significa “cine independiente”. Pero, si hay un director que sin duda va a la suya en el cine americano, es M. Night Shyamalan. Prescindiendo de modas, tendencias y, sobre todo, complejos, Shyamalan sí es, a su manera, un cineasta genuinamente libre, una personalidad independiente. Al margen de todo, él va elaborando una auténtica teoría del fantástico, un vasto tratado compuesto por todo su cine. No hay película de Shyamalan que no represente una reflexión explícita o implícita sobre la naturaleza y los lindes del género fantástico. Más aún: sobre el surgimiento de lo fantástico en nuestra relación con las imágenes. El advenimiento del monstruo como algo que habita secretamente en nosotros. Y eso es, en definitiva, Split, su nuevo largometraje.

El protagonista, enfermo mental con una severa personalidad múltiple que da título al film, pronuncia varias frases sobre sí mismo que podemos aplicar indirectamente al mecanismo de la película o incluso de todo el cine de Shyamalan y su concepción del género: somos lo que creemos que somos, el fantástico existe porque creemos en él. Algo en nuestro fuero interno da carta de veracidad a lo monstruoso no porque exista exactamente como la criatura que aparece en la pantalla sino porque existe de una manera diferente pero parecida. La realidad contiene lo fantástico, que contiene la realidad, que contiene lo fantástico… Ésa es la extraña multiplicidad que opera en el seno del género. Nuestro viaje hacia lo fantástico, en cada película que vemos, es también un viaje hacia nosotros mismos, hacia la realidad que nos aguarda después de los títulos de crédito o quizás hacia alguna región oculta de esa realidad.

El protagonista somatiza sus personalidades hasta el punto de modificar su morfología, su naturaleza. Por eso, acaba experimentando una verdadera metamorfosis y deviene un monstruo real. Es decir, real en la realidad interna del film, donde en principio parecía excluido el quiebro de un cierto “realismo” y la emergencia de lo fantástico. Pero emerge. Y lo hace ahí, en un punto intermedio entre lo que sólo existe en la mente enferma del personaje y lo que existe para nosotros, los espectadores de aquí afuera. La metamorfosis no es sólo del protagonista sino también del film, que se adentra en una nueva dimensión genérica: una película de monstruos y superhéroes inesperada, extraña, compleja.

Por eso, es simplemente genial esa pincelada final con la que averiguamos que nos hallamos en la misma realidad interna en la que transcurre Unbreakable, en la que Shyamalan exploraba los abismos del cine de superhéroes. La postrera aparición de Bruce Willis es la verdadera conclusión del film, que no es, de hecho, una verdadera conclusión sino la sugerencia de lo que no vemos pero completa la historia: quizás el futuro enfrentamiento de Willis con la Horda, quizás el descubrimiento de que la joven superviviente es otro superhéroe, quizás la puerta a una posible secuela… Shyamalan nos permite volver a imaginar como niños, redescubrir el fantástico con renovada fascinación.

 

 

Anuncios

One thought on “La metamorfosis

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s