Y la nave va

Un detalle me agrada especialmente de Alien. Se trata del arranque de la película, cuando Ridley Scott nos muestra el interior del Nostromo en calma, los escenarios del film en silencio mientras la tripulación todavía duerme y sólo las máquinas permanecen activas durante la travesía. Es, de hecho, una computadora la que despierta a los siete pasajeros de la nave y desencadena la trama.

Muchos planos de Dead Slow Ahead, primer largometraje de Mauro Herce, nos dejan a solas con las máquinas en funcionamiento del navío mercante en el que transcurre. Precisamente, en la presentación que hizo unos días atrás en el Zumzeig de Barcelona, el cineasta aludió a la ciencia ficción como una de las reminiscencias de su film. Herce no adorna las imágenes con valses de Strauss sino que, como en esos primeros instantes de Alien, nos permite escuchar los ruidos de la maquinaria, captar la particular cualidad del tiempo que caracteriza la actividad repetitiva y mortecina de hélices, grúas, ordenadores, etc.

Junto a esos planos, vemos otros que nos muestran la actividad de los hombres de manera parecida, reflejando la “maquinalidad” del gesto humano, la rara fascinación de observar a una persona realizando una tarea, como en ese bello film de Jean Eustache sobre el descuartizamiento de un cerdo, Le Cochon, o en esas secuencias impresionantes de pesca, caza y trabajo manual de Nanook of the North o Man of Aran, de Robert J. Flaherty. Y, en el tramo final del film, oímos las conversaciones telefónicas de los marineros con sus familias mientras observamos las entrañas del barco, una extraña fusión entre la calidez y la añoranza que desprenden las palabras de los tripulantes y la gelidez de su entorno. Herce nos brinda una experiencia cinematográfica singular, atrevida y cautivadora que nos permite sentir la respiración del mundo contemporáneo de una forma inesperada.

Fijémonos en el título: Dead Slow Ahead. Según explicó el propio director, se trata de un término de navegación que significa algo así como “avante a poca máquina”. La filosofía del film queda reflejada en esas palabras. Porque la película fluye avante a poca máquina, sí, pero también por esa concatenación de dead, slow y ahead que provoca extrañeza, la sensación de una gramática dislocada y una significación esquinada.

Así es el film, en el que acompañamos a los tripulantes de la nave durante un viaje impreciso: no sabemos dónde vamos ni de dónde partimos, vemos que la bodega carga carbón y trigo pero no sabemos en qué momento se troca uno por el otro. De hecho, no hay anécdota en Dead Slow Ahead, sino una sucesión de imágenes largas y reposadas que giran en torno a unos pocos motivos recurrentes: la maquinaria del barco, la actividad de los marineros, los puertos que son abandonados en la noche, la carga y la descarga de las mercancías, el mar y la costa que desfilan ante el avance del buque.

Con tan poco, Herce hila un film abstracto sobre la aventura humana en la era industrial, sobre la textura del tiempo en el imperio de las máquinas. Dead Slow Ahead es una película generosa con las imágenes, les otorga la duración y el despojamiento necesarios para que se desarrollen y alcancen una densa cualidad. El espectador recupera así lo que siempre ha sido la pulsión esencial del cine, esto es, observar objetos, personas, el devenir de la existencia. Y lo que podría parecer un film sobre tiempos muertos es en realidad un film sobre tiempos vivos.

 

 

DEAD SLOW AHEAD – Teaser from Nanouk Films on Vimeo.

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