Cine energía

À Blanca, David et la brave Margot

 

En el momento más emotivo de Boyhood, ya muy avanzada la película, Patricia Arquette rompe a llorar al comprobar que sus hijos se iban de casa, que su vida sentimental parece ya concluida y que, en suma, ha llegado por fin, sin darse cuenta, al futuro.

Como Richard Linklater, Mia Hansen-Løve relata en su cine las edades de la vida. Y, en L’Avenir, es Isabelle Huppert, protagonista absoluta e impresionante del film, quien se halla en un punto análogo al de Arquette en Boyhood. No obstante, no es (sólo) sobre ese punto concreto de la vida sobre lo que nos habla Hansen-Løve, pues su película está recorrida por los contactos entre diversas generaciones, por los encuentros entre lo viejo y lo nuevo y por los paralelismos entre lo que se va y lo que viene.

¿Qué hay de continuidad en la vida? ¿La voluntad revolucionaria y el fervor por un mundo mejor se extinguen con la edad? En L’Avenir, como en una película de Renoir, cada uno tiene sus razones. Nadie es el poseedor de una clarividencia absoluta y todos se equivocan en algo y tienen algo de razón: los jóvenes engagés que montan piquetes en las puertas de los institutos, los veteranos izquierdistas y ex sesentayochistas que se refugian en la lucha básica por la transmisión de la capacidad crítica, los jóvenes intelectuales que organizan un modo de vida y de intervención acorde con sus ideas, los hijos que observan con distanciamiento las diatribas de sus mayores, la anciana madre que pide auxilio superada por la soledad y la gelidez de los últimos días…

L’Avenir es, sobre todo, un film lleno de vida a la manera de las películas de Truffaut y rico en cuestionamientos a la manera de Alain Tanner. Además, el cine de Hansen-Løve no es un cine “de tesis”: la realizadora se revela como una atenta discípula de Olivier Assayas, con el que trabajó como actriz en Les Destinées sentimentales y en Fin août, début septembre -film del que parece emanar su obra como una derivación brillante, explosiva- y, como en el caso de Assayas, sus filmes no muestran su asunto de una manera grosera. L’Avenir es menos un tema o una trama que un flujo de energía imparable, contagiosa, melancólica y exultante a la vez, como el porvenir mismo.

Pues, si hay realmente un asunto central en el film, quizás sea ese perenne compañero que le da título. Todos vivimos con la pesada sombra del futuro a nuestra espalda. Entre la desazón ante la abrumadora impiedad de la modernez que arrasa con todo y la vaga esperanza puesta en la lejana revolución que vendrá quizás, el porvenir es ese extraño inquietante que siempre nos acompaña, provocándonos inevitablemente inseguridad y desconcierto. La presencia del futuro en nuestras vidas está muy relacionada con los vaivenes de las ideas, amores, pasiones y asideros todos de nuestra existencia. Como en Copie conforme, de Abbas Kiarostami, otro film-flujo fundamental que es explícitamente homenajeado en L’Avenir.

Hansen-Løve da forma con su película a las metamorfosis del cine de hoy o tal vez de siempre, al dinamismo que anima nuestra relación con las imágenes y que está impregnado de esa misma inseguridad, de esa mezcla de desazón y esperanza con la que vivimos nuestra relación con el futuro. Hablamos y hablaremos siempre de la muerte del cine; y es que, efectivamente, no hay en realidad otro porvenir. Al final, te mueres. No hay otra. El prólogo del film, que lleva a la familia protagonista hasta el sepulcro de Chateaubriand, es elocuente al respecto. Pero queda la transmisión entre generaciones, por supuesto. La continuidad de la revolución, del cine, de la maltrecha humanidad. El paisaje del cine de Hansen-Løve es, a la vez, muy sencillo y muy característico: casas, desplazamientos, familias, grupos, amores. Un cine-vida que deviene cine-energía, que no hace más que ponernos en contacto con ese flujo imparable que nos impele a través del tiempo y de las imágenes.

 

 

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3 thoughts on “Cine energía

  1. negrocomounanochesinluna septiembre 25, PM / 11:08 pm

    La vi ayer y aún no tengo una opinión formada sobre la peli. No descarto volver a verla de nuevo. Pero, mientras tanto, me ha gustado mucho tu comentario y tu punto de vista sobre “El porvenir”.

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