Libertad de los cuerpos

A uno, la publicidad, se la trae al pairo, por no decir que le molesta y, casi siempre, le ofende. Sin embargo, a veces, resulta que un anuncio le llama la atención por estar realizado por un cineasta de renombre. Fue el caso de una memorable serie de spots de Wes Anderson y Roman Coppola, y es lo que acaba de pasar con el clip publicitario de una marca de perfume que ha dirigido Spike Jonze. En él, Margaret Qualley se escaquea de una conferencia para dar rienda suelta a una suerte de danza demente por los pasillos de un suntuoso palacio de congresos. Tanto por su concepto como por su ejecución, el anuncio recuerda mucho al célebre videoclip del tema -perfectamente obviable, como lo es también el del spot de Jonze- Weapon Of Choice, de Fatboy Slim (2001). En este caso, era Christopher Walken quien bailaba con absoluta libertad de estilo por las dependencias desiertas de un lujoso hotel.

Ambos ejemplos representan la celebración de una actitud rebelde y traviesa, recuperan un tipo de libertad que accedió al cine a través del aliento del musical. Si el cine es un arte de cuerpos en movimiento sobre el lienzo de la pantalla, el musical representa una liberación de las formas, una vía de abstracción en la que se rompe algo propio del cine de ficción: en realidad, durante un número musical, dejamos de seguir una trama, la representación de una realidad diegética que sólo existe en el interior del relato, para confrontarnos de manera directa con las formas de los comediantes en plena danza. Por un instante, no vemos personajes habitando el relato, sino actores bailando. El mecanismo de la ficción es violado y acontece algo inesperadamente documental, un contacto directo del espectador con los mimbres del cinematógrafo.

Es, pues, uno de los típicos ejercicios de transparencia que caracterizan a la modernidad cinematográfica. Como en esas películas de Godard en las que es tan relevante ver al personaje como al actor o actriz icónica que ocupa la pantalla. Precisamente, refiriéndose a Passion, Kaja Silverman afirma -en A propósito de Godard. Conversaciones entre Harun Farocki y Kaja Silverman (Caja Negra)- que “cada uno de nosotros tiene la capacidad de viajar todos días entre lo celeste y lo terrestre, lo sublime y lo cotidiano, o la ficción y lo documental, que están puestos en relación de derivación y consecuencia mutuas. Puesto que estamos ‘entre’, es posible la transferencia”.

Por otra parte, cabe destacar que, tanto en el vídeo de Weapon of Choice como en el anuncio de Jonze, se produce un análogo surgimiento de lo fantástico. Walken acaba volando por el hall del hotel; Qualley ve cómo sus extremidades se alargan y se contraen incontroladamente, dispara con ellas como si fueran pistolas por arte de birlibirloque y acaba echándose a volar igual que Walken. Esa incursión oblicua e irónica en lo fantástico, al estilo de los cuentos de Cortázar, es también un rasgo de modernidad, una manera de situarnos entre la ficción y la transparencia de su mecanismo. Al fin y al cabo, como comentamos a propósito de Her, el cine de Jonze nos habla entre líneas sobre la emergencia de la ficción, el hecho creativo y sus esencias.

 

 

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