Wir brauchen die ganze Fabrik!

Se dice con retranca por estas tierras nuestras que quedarse en la calle mirando cómo trabajan los obreros de la construcción es un vicio de jubilado. Obviamente, debemos discrepar quienes, jubilados o no, hemos disfrutado con En construcción, de José Luis Guerín, o con Zum Vergleich, de Harun Farocki. Y es que el cine es ver a gente haciendo cosas. Sí, es una perogrullada, pero podría servir como una de las premisas simples, básicas y enormemente productivas del pensamiento de Farocki, al que podemos acercarnos a través de sus películas, sus textos y sus instalaciones. Precisamente, en Barcelona podemos visitar, hasta el 16 de octubre, la exposición “Harun Farocki, Empatía” en la Fundación Antoni Tàpies.

La empatía es, efectivamente, una de las pulsiones del cine de Farocki. Porque el cine consiste en ver a gente haciendo cosas, tanto el documental como la ficción; de Le Cochon, de Jean Eustache, a las secuencias de acción en una película de superhéroes cualquiera. Y ver a gente haciendo cosas implica una relación con ese hecho, una actitud del espectador: implicación, solidaridad, superioridad, alienación… La relación del espectador con la imagen es la bella preocupación de Farocki. No el cine ni las películas, sino las imágenes y su dimensión política. Qué pasa cuando vemos imágenes en una pantalla.

Tanto Zum Vergleich como varias de las obras proyectadas en la exposición inciden en la representación del trabajo y de los trabajadores en las imágenes. Farocki construyó una verdadera obra a partir de las imágenes del primer film de la historia, La sortie de l’usine Lumière à Lyon, que son el punto de partida del film ensayo Arbeiter verlassen die Fabrik. Las representaciones voluntarias e involuntarias de la lucha de clases recorren su obra, así como el proceso de mecanización, evidente en Zum Vergleich, que acaba siendo también un documental sobre la desaparición del ser humano de la imagen cinematográfica, o sobre cómo la digitalización ha traído, en parte, una velada disolución de la dimensión humana en el cine. No es baladí que uno de los episodios del film transcurra nada menos que en Dachau. La lógica de la industrialización lleva hacia la lógica del exterminio, a la anulación ser humano: las montañas de ladrillos encierran el recuerdo de las imágenes de montañas de cadáveres.

Zum Vergleich parte de algo tan sencillo como documentar las diferentes maneras de fabricar ladrillos a lo largo del mundo, desde los métodos más tradicionales hasta las industrias más avanzadas. De la artesanía de las manos en contacto con la tierra y el agua a la mecanización casi absoluta. Hay secuencias del film que nos recuerdan a otras de Alphaville: une étrange aventure de Lemmy Caution, aquéllas en las que Eddie Constantine es sermoneado por una computadora mientras vemos, por detrás, a tipos con batas blancas que se pasean entre la maquinaria haciendo tareas de supervisión o de vigilancia, o nada en absoluto, escenas que sugieren la idea de una incierta dominación en la relación entre el humano y la máquina. Farocki, por cierto, muestra un respeto reverencial por Godard, especialmente en algunos de sus textos. Aunque podría estar editada con algo más de cuidado, vale la pena disfrutar de la recopilación Desconfiar de las imágenes (Caja Negra).

A menudo Farocki parte de una idea aparentemente simple: las imágenes sobre la producción de ladrillos, las imágenes de las manos en el cine (Der Ausdruck der Hände) o las imágenes de los obreros saliendo de la fábrica. A partir de ahí, nos conduce a través de sus digresiones. El cineasta alemán ha sido un referente indiscutible del cine ensayo, es decir, de un tipo de escritura cinematográfica libre y fructífera en la que las ideas se asocian y encadenan unas tras otras sin las constricciones de los esquemas preestablecidos (en la muestra de la Fundación Tàpies, puede verse un bellísimo film ensayo paradigmático en ese sentido, Schnittstelle). Farocki ha sido uno de los maestros de la superposición y la contraposición de dos imágenes, o de varias ideas, a la manera de Godard.

Podría decirse que el tema principal de su obra es el trabajo o, más bien, el cine y el trabajo. Y que, en paralelo, nos habla también del trabajo de espectador, del oficio de relacionarse con las imágenes. En Arbeiter verlassen die Fabrik, vemos una representación de Der zerrissene Rock, de Hanns Eisler y Ernst Busch sobre una letra de Bertolt Brecht. Unos obreros en huelga protestan ante el patrón y cantan: “Wir brauchen nicht nur den Arbeitsplatz / Wir brauchen die ganze Fabrik” (“No necesitamos sólo el puesto de trabajo / necesitamos toda la fábrica”). El cine ensayo de Farocki es una arma cargada de futuro que nos invita a tomar las imágenes, apoderarnos del cine todo y procurar nuestra liberación como espectadores.

 

 

Harun Farocki – Arbeiter verlassen di Fabrik (Workers leaving the factory) 1995 from Open File on Vimeo.

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