El siglo XX no ha terminado

Estos días, la Filmoteca de Barcelona anda proyectando algunas películas de Elio Petri. Hay un momento de Indagine su un cittadino al di sopra di ogni sospetto en el que Gian Maria Volontè arenga a sus subordinados dando un discurso descaradamente mussoliniano tanto por el contenido como por el estilo. Oímos la voz del poder en su peor faceta: la voz del fascismo latente en los mentideros del Estado de la Italia de 1970. Y es un momento agobiante, una escena sencilla y eficazmente resuelta con primeros planos contrapicados de Volontè gritando enajenado y poco más.

Esa escena me hizo pensar en otros dos momentos muy similares. Por una parte, en el portentoso final de Il caimano, de Nanni Moretti, en el que él mismo encarna a Silvio Berlusconi en la Italia de 2006. Pocas veces se ha cerrado un film de una manera tan desasosegante: Moretti expresa con contundencia lo que el berlusconismo ha supuesto para la democracia italiana, toda su monstruosidad e hipocresía (por cierto: Moretti-Berlusconi acaba llamando a la revuelta contra “la casta de los magistrados”, ojo al lenguaje utilizado). Por otra parte, he recordado también las electrizantes secuencias de The Wolf of Wall Street en las que Leonardo di Caprio pronuncia ególatras y abyectos discursos ante sus empleados (“no hay nobleza en la pobreza”). Martin Scorsese logra también reflejar el fariseísmo y la desfachatez de los tiranos no declarados del siglo XXI: los ladrones de guante blanco del capitalismo financiero.

Son tres instantes cinematográficos significativamente similares e igual de inquietantes. Y es importante notar que, en los tres casos, lo que vemos es una suerte de puesta en escena, una pamema para legitimar un poder turbio, corrupto y oligárquico. Petri, Moretti y Scorsese describen con fuerza extraordinaria el patético artificio con el que se justifica a sí mismo el poder político y económico. Vemos la representación de la mentira y la desenmascaramos, porque el cine es una máquina de expresar una cierta verdad moral a través de las imágenes.

La coincidencia de esas secuencias en los tres filmes nos invita a pensar en algo que ha tenido una continuidad y que permanece vigente en nuestros días: una silenciosa fascistización que estaba en la Europa posterior a 1968, en la Italia del caimán Berlusconi y en la América de la crisis de 2008 en adelante. Al fin y al cabo, Indagine su un cittadino al di sopra di ogni sospetto nos habla del control policial de los ciudadanos y de la criminalización de colectivos por motivos políticos (“entre los delitos comunes y los políticos apenas hay diferencias”, dice Volontè), problemas que fácilmente podemos rastrear en nuestras democracias de hoy (¿han visto Citizenfour?). A pesar de la aparente normalidad, ningún derecho está asegurado, las luchas del siglo XX siguen vigentes bajo nuevas formas y la batalla se libra calladamente todos los días ahí afuera mientras nosotros nos dejamos arengar de manera indirecta por un multiforme busto parlante que nos habla a través de mil pantallas diferentes, como la hacen Volontè, Moretti y Di Caprio en sus películas.

 

 

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