El tiempo y la distancia

Los Garrel nos han acostumbrado a un “cine filial” en el que la familia de los cineastas toma cuerpo como asunto cinematográfico, aunque sea de forma tangencial. Sólo un ejemplo: la bellísima secuencia de Les Amants réguliers en la que aparece toda la familia directa del cineasta. Quizás Garrel haya dado con uno de los asuntos característicos del cine actual, como nos invitan a pesar O futebol, de Sergio Oksman, y No Home Movie, último largometraje de Chantal Akerman (1950-2015).

Oksman se filma a sí mismo compartiendo la copa del mundo de fútbol con su padre en un film que acaba siendo una inesperada despedida. Y Akerman se filma a sí misma con su madre en una despedida deliberada que, no obstante, ha sido también el adiós de la cineasta, que se quitó la vida en París el pasado mes de octubre. Ambas películas privilegian los tiempos muertos y, en el caso de No Home Movie, los espacios muertos, los planos de cuartos vacíos en los que los movimientos o las palabras de su madre y de ella misma nos llegan indirectamente. Como si le inspiraran las palabras de Werner Herzog en un momento de Grizzly Man, cuando nos explica que le fascinan los retazos de filmaciones de Timothy Treadwell en los que no pasa nada porque el héroe del film ha dejado la cámara encendida mientras se ocupa de otros menesteres, dejando al espectador a solas con la naturaleza. Y con el tiempo.

Como Albert Serra, Abbas Kiarostami o Jean-Claude Rousseau, Akerman ha sido uno de los grandes cineastas de nuestro tiempo que hacen del plano fijo con mínimos elementos una gran aventura cinematográfica: la aventura de contemplar una estancia en la que pasan pequeñas cosas (una cortina que se mueve mecida por el viento, una sombra que aparece por una esquina y desaparece…) y experimentar, con “tan poco”, la grandeza del cine. Pienso, por ejemplo, en la primera imagen de No Home Movie, en la que sólo vemos un paisaje desértico en la distancia y, en primer término, las ramas de un árbol movidas por un fuerte y ruidoso viento: el movimiento frente a la quietud, es decir, la materialización del tiempo, uno de los prodigios del cinematógrafo.

La madre de Akerman pregunta a su hija, en un momento de No Home Movie, por qué graba sus conversaciones por Skype. “Quiero hacer ver que el mundo es tan pequeño”, responde ella. Akerman se refiere seguramente a la realidad del mundo globalizado pero, de hecho, documenta también otra cercanía, la del recuerdo. Porque el pasado y la memoria son la materia prima del cinematógrafo; la filmación de su madre nos permite viajar en el tiempo y experimentar, a la vez, los recuerdos del pasado y la distancia que nos separa de él. El cine es un ojo que mira atrás y registra inevitablemente la decadencia, la pérdida y la ausencia.

No Home Movie nos habla también del valor testimonial del cine, pues siempre aflora de las imágenes un relato de nuestras raíces profundas. Como cuando la cineasta explica que sus padres fueron supervivientes de Auschwicz, haciendo que entendamos la comparecencia de su madre ante la cámara desde una nueva perspectiva, es decir, con la conciencia de contemplar a una superviviente, a alguien que personifica la historia de nuestro horror. El cine da testimonio de nuestros orígenes y de nosotros mismos, como si se tratara de un diario íntimo: pienso cada vez más en el Caro diario de Nanni Moretti como un punto de referencia fundamental para el cine de nuestro tiempo. No Home Movie se sitúa en su estela, como también lo hace Guest, de José Luis Guerín (donde, precisamente, Akerman hacía una aparición fugaz, soltando una perorata sionista en los mentideros de uno de los festivales de cine a los que asiste invitado el director de Tren de sombras).

Película que nos deja, efectivamente, a solas con el tiempo, No Home Movie compendia algunos de los elementos esenciales de las últimas metamorfosis de la modernidad: el vínculo con nuestros orígenes, el cine filial, el cine-diario en primera persona, el cine de lo perdido y de lo ausente, el despojamiento, la exploración de lo digital como un nuevo hades no de imágenes sino de sombras… Y nos deja el testimonio melancólico de una cineasta que, quién sabe, quizás se despedía también de nosotros filmando, más que su vida o los últimos días de su madre, su propio pasado.

 

 

No Home Movie de Chantal Akerman – bande annonce from ZeugmaFilms on Vimeo.

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