La antítesis del mal

¿Por qué Saul fia (El hijo de Saúl) nos gusta a todos? Porque, supongo, László Nemes ha dado con una manera de abordar los campos de exterminio nazis que nos ha impresionado gratamente. Nemes parte de lo que podríamos llamar el principio del fuera de campo establecido por Claude Lanzmann: no miramos de frente al horror sino que lo experimentamos indirectamente. En Shoah, todo es relatado por los testimonios sin que veamos nunca una sola imagen que documente los hechos. En Saul fia, nuestra mirada se mantiene pegada al rostro del protagonista, Saul Ausländer (extranjero en alemán, por cierto), como en la Rosetta de los hermanos Dardenne. Todo cuanto acontece a su alrededor nos llega a través de los márgenes de la imagen, de brevísimos apartes y de, sobre todo, el fuera de campo, lo que no vemos pero podemos oír.

Es ésa una determinante elección estética, ontológica, cinematográfica. El film se aferra a la epopeya de Saul para explicarnos su historia y hacer que lo otro, el contexto que representa de hecho el verdadero tema de la película, se filtre de una manera falsamente indirecta. Nemes aborda sin temor la gran cuestión sobre la representación de lo irrepresentable en el cine, lo hace porque es estrictamente pertinente en su film y, en definitiva, acierta por completo. Halla, por así decirlo, una forma honesta de hablarnos del horror desde un compromiso moral con las imágenes, permitiendo que la ficción exprese cosas que no podría expresar de una manera frontal o aleccionadora, como hacen algunos cineastas. Es así como el cinematógrafo se convierte en una ventana abierta a una cierta verdad moral que atañe a la historia, a nuestra memoria, a nuestros maltrechos principios como civilización.

Centrémonos ahora en la anécdota. Saul, miembro de un Sonderkommando, se empeña en dar sepultura a una víctima, una en particular entre las miles de personas que mueren y son incineradas con su colaboración todos los días. Se trata de un joven que, según afirma ya muy avanzado el metraje, es su propio hijo. Puede que no sea así, que mienta. En cualquiera de los dos casos, Saul quiere hacer un gesto de dignificación de la víctima, un rito simbólico que, en medio de la más absoluta desesperanza, devuelva algo de humanidad al cuerpo inerte y a él mismo. Como decíamos, ésa es la historia que seguimos pero el tema es la desolación que le rodea, la maquinaria de deshumanización que se desarrolla a su alrededor.

Y esa maquinaria es, ante todo, una forma industrial perfecta, un mecanismo en el que el exterminio fluye a buen ritmo porque antes de despojarles de sus vidas, los presos son despojados de sus almas. No hay más que mentiras para los que van de cabeza a las cámaras de gas y no hay más que explotación sin límites para los que mendigan unos meses de vida trabajando esclavizados en los Sonderkommando. En su ambiente, cunde el recelo, la insolidaridad, los reproches, la delación… Y es especialmente interesante poner atención en cómo Nemes plasma en su película una intensa sensación de estrés, de una manera parecida a un film tan aparentemente diferente como es The Hurt Locker de Kathryn Bigelow.

Saul fia me ha hecho pensar, sobre todo, en La Question humaine de Nicolas Klotz, un film fundamental en el que aflora la lógica productiva del Holocausto como una filosofía común a nuestra economía de hoy. Los filmes de Nemes y Klotz son particularmente devastadores porque nos recuerdan que los campos de exterminio son también el producto de una extrema radicalización capitalista, de llevar hasta las últimas consecuencias una cierta manera de pensar en términos de beneficios y excedentes. Nos ponen la piel de gallina al recordarnos que no media tanta distancia entre Auschwitz y nosotros porque aquello no fue una monstruosidad ajena a nuestra naturaleza sino, al contrario, un horror humano, algo decidido y perpetrado por personas como nosotros; que, de alguna manera, pervive un velado espíritu de esclavitud bajo la falacia de que el trabajo nos hará libres. Los Sonderkommando de Saul fia nos hacen pensar, a pesar de la lógica distancia, en las humillantes formas de producción de nuestro ahora.

El empeño de Saul pretende un gesto de rehumanización simbólica ante la realidad del horror a su alrededor pero el film nos acerca también a otras dos actitudes: la rebelión y el testimonio. En paralelo a las cuitas del protagonista para encontrar un rabino, sus compañeros organizan un motín para intentar huir o morir matando; y, a la vez, tratan de fotografiar de extranjis la actividad del campo y hacer llegar las imágenes al exterior. Nemes no toma partido “a favor” de la acción de Saul sino que nos acerca a las tres formas de actuar, cada una de ellas es dignificada y en todos los casos vemos las contradicciones y dificultades que comporta el camino emprendido. Sin glorificación ni tremendismo.

Estamos, en definitiva, ante un maduro, responsable y profundo acercamiento al horror irrepresentable y al residuo de dignidad que subsiste en medio de la mayor indignidad posible. Estamos, pues, ante un film genuinamente importante. Aunque no es el exterminio nazi un fenómeno aislado en un siglo que vio multitud de genocidios industriales -sin ir más lejos, los bombardeos atómicos sobre Japón, inmediatamente posteriores-, la importancia simbólica de las cámaras de gas es fundamental porque representan la faceta más negra de nuestro tiempo, de nuestro sistema. Así nos lo recuerdan los filmes de Lanzmann, Klotz y Nemes, en abierta oposición a otros cineastas que han usado el Holocausto para realizar ese tipo de lecciones morales artificiales que tanto me ofenden. Está el famoso caso de Kapò que irritó sobremanera a Rivette. Pero me congratulo del éxito unánime de Saul fia sobre todo porque es, por fin, la antítesis perfecta a lo peor que había dado el cine, hace ahora veinte años. Si Auschwitz es el hito más simbólico del horror, el film más horrible del mundo es el que representa el exterminio de una manera más inmoral, repugnante y manipuladora (no quiero ni nombrarlo, ya saben a cuál me refiero). Frente a eso, Nemes nos ha devuelto la dignidad también a todos nosotros, espectadores. Y tal vez es por eso que nos sentimos todos muy agradecidos ante su film.

 

 

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2 thoughts on “La antítesis del mal

  1. MrSpielberg febrero 23, PM / 10:02 pm

    Ese film que no quieres nombrar…
    No será mi gran obra maestra, ehhhh
    Me voy con mis Oscars y mis millones a otro blog :p

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