La regla del juego

Dijimos que While We’re Young forma una suerte de dúo con Frances Ha pero, de hecho, Mistress America es casi un punto intermedio entre ambas y nos invita a pensar, ahora, en un trío. En realidad, da igual. Lo importante es observar la solidez de la obra de Noah Baumbach, un coherente y mordaz comentario sobre los Estados Unidos de hoy y sus criaturas.

Como otros grandes cineastas, Baumbach es implacable con sus personajes pero, a la vez, los observa con cierta ternura y comprensión. Mistress America nos da una acidísima visión sobre los valores de la América actual y, en particular, sobre cómo los interiorizan los jóvenes americanos, una generación arrasada por la pose, por la competitividad y por la obsesión por el éxito. Desde el punto de vista social y moral, Estados Unidos no es una democracia sino una dictadura del dólar. Por eso, Baumbach nos muestra -en los pasillos de un campus universitario, en las calles de Nueva York, en los barrios residenciales de las clases pudientes- una deshumanizada sociedad de castas. A la vez, nos explica que esos zascandiles que malviven en el film, inmersos en esa escala de valores, son también seres frágiles, patéticos. A la manera de, pongamos, un Renoir, Baumbach sabe imprimir a su cine un agudo humanismo que resalta al mismo tiempo las grandezas y las miserias de sus habitantes.

Una larga secuencia que ocupa buena parte de la segunda mitad de la película tiene un aire teatral que nos hace pensar en La Règle du jeu. Pero, quizás, es el cine de Jacques Rivette el que guarda más concomitancias con Mistress America, un film que nos muestra la vida de los americanos de hoy como una puesta en escena en la que los roles sociales han ensombrecido al fantasma de la libertad. Uno de los momentos cruciales de la trama, de hecho, transcurre cuando las protagonistas han de subir literalmente a un escenario para explicar sus aspiraciones.

No es casualidad que Baumbach halle el modo de hablarnos de todo eso a través de la comedia, género que siempre fue un marco privilegiado para la observación de la hipocresía institucional de la sociedad americana: Mistress America parece un brillante encuentro entre las herencias de Howard Hawks y del vodevil. Tampoco es casual que, como en Frances Ha, Greta Gerwig sea coguionista y actriz protagonista del film. Además de certificar la coherencia de la obra de Baumbach, de nuevo hay que subrayar que Gerwig es una personalidad de gran relevancia en el cine americano de hoy; si no un genio cómico, algo muy parecido.

 

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