El cine es volver

¿Es Vertigo la medida de todas las cosas? A veces tengo esa sensación porque la historia del hombre que se enamora dos veces de la misma mujer -y que pierde dos veces a la mujer amada- nos da la pista sobre una temática capital del cinematógrafo: la duplicidad, la repetición, el eterno retorno. El caso es que Hitchcock es tópicamente recordado como virtuoso de los mecanismos del suspense pero su obra nos informa también sobre el alma del cine, las pulsiones internas de las imágenes y de los filmes que vemos. Y Vertigo, insisto, contiene la fábula que, de alguna manera, inspira o explica una parte importante del cine.

Trois coeurs, de Benoît Jacquot, nos habla de un hombre que, inadvertidamente, se enamora primero de una mujer y luego de su hermana, abocándose a un reencuentro desestabilizador, insano, trágico. Sin saberlo, no está haciendo más que un viaje de retorno a su amor inicial, a una pasión no resuelta. Y, de ahí, surge la trama del film, lo que tiene de melodrama e incluso de thriller. El cineasta alude expresamente al género del melodrama en la entrevista que acompaña al film en la edición francesa en DVD (Wild Side), pero no quisiera menospreciar los sutiles elementos de suspense que acarrea la historia, lo que tiene de remotamente hitchcockiano. Por cierto, el reencuentro y los amores clandestinos de Benoît Poelvoorde y Charlotte Gainsbourg me recuerdan a los de Gérard Depardieu y Fanny Ardant en La Femme d’à côté, film de un agudo observador del cine de Hitchcock como era Truffaut.

El cine es volver. O, si se prefiere, es un arte de lo que vuelve: de los revenants, los muertos vivientes. Por eso el fantástico es un género fundamental que llega a colarse clandestinamente en los filmes más inesperados, como la bellísima Laura de Preminger. Hay algo sutil y soterradamente fantástico en esas historias de amores recobrados como la de Trois coeurs. Que son, de hecho, historias sobre un tiempo reencontrado. Ya Chris Marker tuvo el acierto y el ingenio de relacionar a la Madeleine de Vertigo con la madalena de Proust, autor que quizás sentó las bases de algo que ha acabado siendo esencial en el cinematógrafo. Las películas son siempre el regreso a un tiempo perdido; el cine es recordar.

En el cine de Jacquot, la figura central es siempre una mujer: Le Septème ciel, La Desenchantée, La fille seule, À tout de suite, Villa Amalia, Les Adieux à la reine… Y, ahora, ha adaptado Le Journal d’une femme de chambre de Mirbeau, como hicieron en su día Renoir y Buñuel. También Trois couers, aunque tenga por protagonista al personaje de Poelvoorde, trata sobre dos mujeres cuyas existencias están irremediablemente ligadas. Jacquot ha escrito, a través de sus filmes, una suerte de tratado sobre la permanencia del melodrama y sobre la figura de la mujer en el cine. Por eso, quizás, se ha encontrado inevitablemente con el espectro de Madeleine (musa de la modernidad), que siempre vuelve a nuestras imágenes. Trois coeurs nos devuelve a la tragedia del reencuentro autodestructivo con la mujer amada.

Aprecio mucho obras de realizadores como Jacquot, que no aportan, por así decir, grandes obras maestras pero sí un rico terreno en el que explorar los posos del cine, la permanencia de las formas clásicas, el eterno redescubrimiento y renovación de temas y figuras que representan el alma del cinematógrafo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s