El tiempo reencontrado

E agora? Lembra-me parece una cima en el cine en primera persona, una meta alcanzada en un recorrido que empezó con Caro diario. En realidad, ni empieza exactamente ahí el camino, ni la película de Joaquim Pinto es una meta; pero da la sensación de ser un logro contundente, un film importante que se ha de tener muy en cuenta al pensar en otros que vienen y vendrán.

Lo que más me agrada de E agora? Lembra-me es su libertad, su uso de la digresión como forma cinematográfica. Las ideas fluyen en el film como fluyen en la mente, haciendo asociaciones no siempre lógicas o evidentes. Al estilo, más o menos, de Proust. A fin de cuentas, también En busca del tiempo perdido relata recuerdos desde un presente marcado por los signos de decadencia (algo especialmente elocuente en el primer y el último volumen de la obra, mis favoritos). Pinto hace de los recuerdos la arcilla de su film; pero no me refiero sólo a las imágenes de su pasado o de otras películas que utiliza, ni a la evocación de los amigos perdidos (Serge Daney, Robert Kramer…), sino a la melancolía que recorre sus imágenes, a su manera de filmar el amor por los lugares y por los seres que le rodean. Filmar es añorar, dejar una huella en las imágenes de lo que hemos sentido. Aunque E agora? Lembra-me sea una película tan libre y rica en derivas y divagaciones, no deja nunca de ser un diario en sentido estricto, tal y como anuncia Pinto al principio del film.

Filmarnos a nosotros ahora es filmarnos a nosotros y es filmar ahora: Pinto ha documentado inevitablemente esta vasta e indefinible crisis que marca nuestros días. Crisis que es, a la vez, una cima del capitalismo que está arrasando con todo, y una honda incertidumbre que afecta, por supuesto, al cinematógrafo. Muchas son las películas que, entre líneas, parecen preguntarse qué hacer. ¿Qué cine, ahora? Me gustan los cineastas que, como Pinto, han decidido hacer de esa desorientación la propia materia de sus filmes. Él se excusa en su enfermedad, en los efectos secundarios de su medicación. Pero es obvio que logra, con el relato de su lucha por la supervivencia, filmar también la bella tensión del cine actual, que sigue adelante a pesar de tomar ya distancia respecto al pasado, más allá de toda modernidad. En tiempos de incertidumbre multiforme, nada más fructífero que filmar una incertidumbre multiforme.

A Pinto, afectado por el VIH, le interesa el funcionamiento de los virus y le fascina comprobar cómo acaban incorporándose a los metabolismos y contribuyendo a su evolución. La enfermedad no es sólo crisis sino también un mecanismo de transfiguración. Por eso, E agora? Lembra-me no es en realidad un film sobre una decadencia sino sobre su relatividad, pues el cine nunca muere exactamente sino que muta hacia algo nuevo. Pinto nos habla de filmes que recuerda, de su trabajo con João César Monteiro o Raúl Ruiz (cineastas, por cierto, que también pusieron en escena una provechosa relación con la memoria y la muerte): filma los pliegues del tiempo, la vigencia de lo pasado en lo presente. Como él mismo afirma, no somos más especiales, sino simplemente más recientes.

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