De la urgencia y el compromiso

Redacted, de Brian de Palma, nos acercaba a la guerra de Irak a través de múltiples formatos: grabaciones realizadas con los teléfonos móviles de los soldados o con cámaras manuales, vídeos publicados en la red, imágenes de cámaras de seguridad, noticias de televisión, etc. Entre otras facetas, Redacted nos invitaba a reflexionar sobre el acercamiento, en la era digital, a un conflicto complejo mediante medios complejos: tan diversos como fragmentarios, tan inmediatos como manipulables. Acercarse al horror, en definitiva, plantea una vez más cuestiones morales ante los desastres de nuestro tiempo igual que ante los del siglo pasado, el siglo de Shoah e Hiroshima mon amour.

Ma’a al fidda (A.K.A. Syria Self Portrait. Silvered Water) puede parecer la “versión documental” de Redacted, puesto que también es un film compuesto por un ingente footage procedente de internet más los planos aportados por los cineastas que firman la película, Wiam Simav Bedirxan y Ossama Mohammed. Syria Self Portrait plantea el dilema entre estar y no estar. Mohammed, exiliado en París, observa la guerra en su país a través de las imágenes ajenas y dialoga con Simav, que permanece en Homs sobreviviendo aterrorizada y filmando el conflicto desde el balcón de su casa y las castigadas calles de la ciudad. ¿Qué hacer? ¿Qué distancia ponen las imágenes respecto a lo filmado, cómo mirar de cara al horror, cómo rendir tributo a la dignidad de las víctimas? El film, como Redacted, nos hace también reflexionar sobre el valor moral de las imágenes. Y logra acercarnos al genuino horror: Syria Self Portrait es, sencillamente, un film devastador.

La belleza de Timbuktu, de Abderramahne Sissako, contrasta severamente con Syria Self Portrait. No obstante, ambos filmes tienen no poco en común. Sissako ha realizado un film sobre la vida en la ciudad maliense bajo la ocupación de las milicias fanáticas justo después de la retirada de éstas. Toda la película respira una espontaneidad, una inmediatez que no puede más que recordarnos al cine neorrealista de la Italia recién liberada del fascismo en 1945. De hecho, una escena crucial de Timbuktu parece reproducir otra igualmente importante de Roma, città aperta: cuando la esposa del nómada condenado a muerte se arroja a sus brazos y acaba compartiendo su suerte bajo las balas de los extremistas, es inevitable recordar el plano de Anna Magnani corriendo tras el camión en el que se aleja su esposo detenido y cayendo abatida por las balas de los nazis. Sissako, igual que Simav y Mohammed, llega a la dignidad de las imágenes gracias a un cierto sentido de la urgencia, un compromiso que nutre cada uno de sus planos.

Clint Eastwood pertenece a otra galaxia por practicar un cine de género y de gran producción y por ser un cineasta americano que se ocupa del punto de vista estadounidense. Sin embargo, Eastwood ahonda en American Sniper en lo que ha acabado siendo el tema mayor de su cine, es decir, un cuestionamiento del sentido de lo épico y de la representación de la violencia en el cine americano que, naturalmente, conduce a un cuestionamiento del mito nacional, de los valores profundos de la sociedad estadounidense. Como Ford, como Aldrich, como los grandes maestros de la tradición en la que Eastwood se reconoce, sus filmes contienen la exaltación y la crítica a la vez, entrañan una complejidad que es un rasgo del mejor clasicismo y de la mejor modernidad (¿será, quizás, que esa compartimentación resulta artificial?).

Eastwood realizó un díptico fundamental que ahondaba en esa cuestión cuando filmó Flags of our Fathers y Letters from Iwo Jima, caracterizadas en su día como el plano y contraplano la una de la otra. American Sniper se me antoja un contraplano sui géneris de Unforgiven, donde veíamos el ocaso de un legendario asesino, William Munny, que ya ha dejado atrás su pasado. En el último largometraje de Eastwood, vemos en la guerra de Irak lo que podría haber sido la historia de Munny, cómo se convirtió en un carnicero y se le pudrió el alma a la vez que cimentaba su reputación. No en vano, Chris Kyle, el protagonista de American Sniper (de cuyo título, la palabra más importante no es la segunda sino la primera) es apodado “la leyenda”.

En el tramo final del film, dos detalles deben ser retenidos con especial atención. En la escena clave en la que Kyle completa su misión y salva el pellejo por los pelos antes de volver a casa, el combate acaba por diluirse bajo una tormenta de arena. Dejamos de ver a los soldados y les oímos huir del enemigo mientras intuimos algunas siluetas en una pantalla cubierta de un rojo terroso. Eastwood enturbia la representación de la violencia hasta anularla, desnuda la épica cinematográfica ante nuestros ojos. Poco después, cuando Kyle ha vuelto ya a su hogar, lo vemos absorto en sus recuerdos en el salón de su casa observando una televisión; oímos los ruidos de un combate como los que han sido mostrados durante todo el metraje, pero la pantalla del televisor está en negro.

Ese soldado Kyle que acarrea consigo la contradicción de una guerra en la que ha querido creer pero que sabe absurda e injusta, esa leyenda que no puede reincorporarse a la vida normal porque todo su ser es producto de un engaño, podría encontrar un justo contraplano en la imagen de otro soldado destruido por dentro: los ojos ardientes de Robert de Niro en The Deer Hunter, casi quemando la pantalla de dolor, cuando vuelve de Vietnam cargado de galones y hundido para siempre en su fuero interno. John Ford, Michael Cimino y Clint Eastwood son tres eslabones en una larga cadena del cine americano que ha puesto en escena la contradicción esencial de la mitología nacional.

Así pues, a pesar de las apariencias, hay en American Sniper una honestidad, un profundo humanismo que, en cierto modo, la emparenta con Timbuktu o Syria Self Portrait. Los tres son filmes importantes sobre el mundo de nuestro tiempo que tratan de restituir la dignidad de las imágenes y dan la espalda, cada uno a su manera, al fanatismo.

 

(Por cierto, aunque este blog no lo haya declarado todavía, permítaseme remarcarlo ahora: moi aussi, je suis Charlie).

 

 

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3 thoughts on “De la urgencia y el compromiso

  1. negrocomounanochesinluna febrero 21, PM / 8:27 pm

    Coincido con la valoración de “El francotirador” y los motivos que expones. Es bastante mejorcita y más compleja que lo que se está vendiendo.

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