Pura forma

Puede que Michael Mann haga siempre la misma película. Heat (1995), Collateral (2004) y Blackhat (2014), realizadas en décadas diferentes, comparten un mismo estilo, unos mismos escenarios, un mismo ritmo y parecidos personajes y situaciones. Miami Vice es menos interesante pero guarda también notables concomitancias con esas tres; y Public Enemies (mi favorita), aunque cambie por completo de escenario, no está muy alejado de ellas.

Hay otros títulos en su filmografía, es cierto, pero podría decirse, a partir de los citados, que la película de Mann es un thriller largo y solemne, abundante en diálogos y con dos grandes momentos de suspense: una larga escena de acción en mitad del film y un agónico desenlace mortal. Digamos que Heat, por ser la más antigua, marca la pauta de las posteriores, y por eso hay en todas ellas ese gran tiroteo central, una secuencia larga y sin música. Mann quiere que el sonido de los disparos marque la cadencia de la escena, que las balas impacten en el espectador como no lo haría nunca la música incidental que suele acompañar a ese tipo de secuencias en el cine de Hollywood. Como en los grandes duelos del western clásico.

La película de Mann pasa en Los Angeles. El paisaje urbano es filmado con delectación; de día, como una jungla de asfalto y, de noche, como una ensoñación de neones. Recorremos autopistas, polígonos industriales, rascacielos en obras… E, igual que en los filmes de Johnnie To, abundan esas situaciones tópicas como, por ejemplo, grupos de policías encorbatados que comentan el caso en la oficina mientras comen fideos chinos en cartones rectangulares. Además, en la película de Mann, la gente acostumbra a hablar con suma seriedad; como en esa escena recurrente del cine de Olivier Assayas, en la que dos personas comparten mesa en un restaurante y conversan en un tono sumamente áspero, al borde de la bronca. En Blackhat, hay una secuencia exactamente así.

De hecho, aun siendo cineastas tan diferentes, Assayas y Mann comparten un mismo gusto por recrear texturas propias del cine de género de siempre y dar un tono soterradamente cinéfilo a sus filmes. Boarding Gate, por ejemplo, casi podría pasar por una película del realizador estadounidense: comienza con un larguísimo diálogo como el de la primera media hora de Collateral, la acción se traslada de Los Angeles a Hong Kong como en Blackhat, y Assayas filma ambas ciudades fijándose en los mismos detalles que Mann, es decir, en esa peculiar atmósfera urbana que subraya el bullicio, las aceras humeantes, los callejones y puertas traseras… (Cómo no pensar, por cierto, en ese famoso pasaje de la entrevista de Truffaut a Hitchcock en la que el inglés comenta, a propósito de los molinos holandeses de Foreign Correspondent, que le gusta aprovechar los elementos que da el propio escenario).

Urdir un film a partir de tópicos y estereotipos puede ser una práctica paupérrima, por supuesto. Pero, en el caso de Mann, a pesar de sus imperfecciones y limitaciones, hay un ejercicio de abstracción que es la faceta más interesante de su cine: parece recrear los elementos del thriller y del western americanos para observarlos con reverencia y devoción. Hay algo, digamos, monumental en sus películas, una densa cualidad parecida a la de, salvando las distancias, los filmes de James Gray.

Fijémonos, concretamente, en la secuencia final de Blackhat. Mann rueda el enfrentamiento final entre el protagonista y la banda de sicarios en un escenario simplemente imposible: una plaza infestada de gente que apenas se inmuta ante las ráfagas de metralleta y los cuerpos que van cayendo ensangrentados al suelo. Está claro que, al cineasta, le importa un comino la total falta de realismo; no va de eso la escena, ni la película. Lo importante es filmar esas imágenes de los protagonistas avanzando entre filas de malayos uniformados, la luz de las antorchas en mitad de la noche, el movimiento de las masas combinado con el de los personajes centrales. “Pura forma”, como me dijo un día Àngel Quintana refiriéndose al último film de Brian de Palma (Passion). Salvando de nuevo las distancias, eso es también la película de Mann: forma pura.

 

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One thought on “Pura forma

  1. negrocomounanochesinluna febrero 3, PM / 3:04 pm

    Guardando las distancias… ¿a favor de Gray o de Mann? Aquí uno que es un defensor de James Gray, lo que no me impide apreciar a Michael Mann. Cuyas películas, por cierto, tengo asociadas a manchas de colores. “Heat” es una película azul. “Enemigos públicos” es ocre. Y “Collateral” me parece tan brillante como una luz roja en medio de la noche. Pintas atractivo el nuevo Mann. Habrá que verla.

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