Pequeñas esperanzas

Ante las primeras imágenes de Mr. Turner, un malicioso sarcasmo acudió a mi mente: pensé que Mike Leigh, a estas alturas de la película, se había pasado finalmente al cuidado del encuadre y de la fotografía. Él, que ha hecho de la imperfección una virtud en su cine, ha tenido que hacer un film sobre J.M.W. Turner para ocuparse por primera vez de la composición del plano. Pero, por supuesto, la cosa no es tan simple como eso.

Leigh es, en mi opinión, capaz de lo mejor y lo peor. Secrets and Lies, All or Nothing o Another Year plasman con sencillez, sinceridad y desgarro los avatares emocionales de la gente corriente, hallando una bella forma cinematográfica de mostrar la aventura y desventura humanas con modestos ingredientes. En cambio, otros filmes como Naked, Career Girls o Happy-Go-Lucky resultan altisonantes, cargantes y pedantescos.

Lo más interesante de Mr. Turner es que contiene todas las facetas de Leigh, lo mejor y lo peor, e invita a una reflexión sobre su cine en conjunto. Una obra como la suya, que se ha basado en la observación de los sinsabores de pobres diablos desheredados del bienestar europeo, ha encontrado, finalmente, un sorprendente e indirecto reflejo en la pintura de Turner, pues parece haber una cierta identificación de Leigh (como cineasta) con el personaje que nos sugiere la película: un ser tosco y dionisíaco que, a pesar de su talante personal, observa con suma delicadeza la naturaleza humana e inanimada, el ajetreo de la vida a su alrededor; y trata de plasmarla con urgencia, a rápidas pinceladas y usando socorridos y rompedores recursos pictóricos, desde pintar con las manos hasta esputar sobre el lienzo para conseguir la textura deseada. Mr. Turner puede verse incluso como una cierta plasmación de la naturaleza intrínsecamente documental del cine más allá de compartimentaciones.

Pero, a diferencia del realismo que caracteriza la mayoría de sus filmes, en Mr. Turner hay, además de un inédito cuidado de la imagen, un estilo marcadamente teatral. Los personajes están estereotipados con socarronería y los comediantes sobreactúan gesticulando desatados y declamando en tonos caricaturescos (Bresson se desesperaría…). Hablándonos de Turner, Leigh ha dado con un ambiente que recuerda al de las narraciones de Charles Dickens y a la tradición del teatro popular. De hecho, en una escena clave, una de esas secuencias que parecen explicar el sentido de una película, Turner asiste a una representación teatral en la que se hace mofa de la recepción y el impacto de su obra.

Leigh es especialmente despiadado con el postureo, la hipocresía y el mal gusto de la burguesía, como si quisiera pasar cuentas con algún sector de la crítica o del público. De alguna manera, reivindica una cierta honestidad de la creación a partir de elementos de la realidad. A pesar de celebrar la osadía técnica de Turner, exalta sobre todo el valor de lo sencillo, un principio que parece inspirar su manera de hacer cine.

Tal es el apego de Turner a la realidad que, en un giro algo desconcertante del film, él, que es tan innovador en sus técnicas, se siente amenazado por la aparición del daguerrotipo. Esa forma automática y revolucionaria de captar la realidad es recibida por el pintor como el fin de su arte, dando por sentado que la fotografía tiene que substituir para siempre a la pintura por ser más perfecta.

El viejo tema de la modernidad vista como ángel de la decadencia, a la manera de Midnight in Paris. Precisamente, un film como Mr. Turner, que dialoga con la obra de Dickens o el teatro isabelino, contradice esa idea de la modernidad como devastación de la tradición. ¿Leigh censura, pues, a su protagonista? No queda claro si es así; ni si pretende, en general, emitir un juicio moral sobre él. Mr. Turner adolece de un tono algo errático, producto tal vez de esa excesiva ambición que lastra a veces las películas de su autor; en contrapartida, deja algunas poderosas secuencias llenas de energía, tiene una considerable mala uva y cultiva un rico campo de reflexión sobre la obra de Leigh, sobre el diálogo entre tradición y modernidad y sobre la representación de la realidad en el cine y en el arte.

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