La guerra ha terminado

No puede ser casual que los cineastas franceses de la generación de la Nouvelle Vague mueran con las botas puestas. Obviamente, fue el caso de François Truffaut (1932-1984) y Jacques Demy (1931-1990), prematuramente desaparecidos, pero no me refiero a ellos sino a los otros, realizadores longevos en la vida y en el cine. No hacía mucho que Eric Rohmer (1920-2010) había anunciado que se retiraba tras Les Amours d’Astrée et de Céladon cuando le alcanzó la parca. La obra de Claude Chabrol (1930-2010) llega hasta el 2009, cuando estrenó Bellamy. Y la pista de Chris Marker (1921-2012) me resultaba más difícil de seguir pero su filmografía, consultada en internet, se alarga hasta el mismo año de su muerte.

Ahora, nos ha dejado Alain Resnais (1922-2014), el gran Alain Resnais, el cineasta que hizo del tiempo y del recuerdo las materias primas de su cine. Inasequible al desaliento, Resnais hizo películas hasta los noventa y un años: acababa de presentar Aimer, boire et chanter en el festival de Berlín del pasado mes. Será su último film, pero ya el anterior, Vous n’avez encore rien vu, era una despedida genial. El título queda ahora como una suerte de bello epitafio que interpreto como una declaración de amor al cine y a su fertilidad inagotable. Pase lo que pase, siempre brotarán herbes folles de las imágenes futuras.

Rohmer, Chabrol, Marker y Resnais: supongo que esa pulsión creadora mantenida hasta el final prueba que el cine fue siempre un fenómeno inseparable de la vida para todos ellos. En contrapartida, sus películas son también parte inescindible del cine y de nuestras vidas. Por eso me resultó tan amargo enterarme de la muerte de Resnais en una conversación cualquiera, un domingo por la noche como todos los domingos por la noche, cuando se me hace especialmente pesada la vulgar cotidianidad, la mediocridad de todos los días, y ante la perspectiva de un deprimente lunes por la mañana en que los medios hablaban profusamente de la soberana horterada californiana de todos los años. Tal vez sea sólo una sensación pasajera y pronto vuelva a disfrutar de las malas hierbas, pero lo cierto es que ahora, sin Resnais, parece que hayamos sufrido, no sólo una pérdida, sino una agria derrota.

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