Elogio del cine hablado

En cierta medida, la historia del cine es la historia de una pareja que camina, charla, se pelea… Algo que hemos visto tantas y tantas veces pero siempre vuelve a engancharnos. Richard Linklater, una rara avis del cine americano, filmó hace veinte años Before Sunrise (1993), historia de amor entre una francesa (Julie Delpy) y un estadounidense (Ethan Hawke) de unos veinte años cada uno que nos muestra sólo largas conversaciones y paseos. Una década más tarde, retomó a los personajes y a los dos actores que los encarnaron (entonces convertidos también en coguionistas) y rodó Before Sunset (2004), la historia de su reencuentro en París a los treinta años siguiendo el mismo estilo. Ahora, en Before Midnight (2013)[i], vemos a la pareja a los cuarenta años, padres ya de dos niñas, pasando un verano en el Peloponeso invitados por un amigo griego de Hawke que es, como él, escritor. Estamos ante un paisaje humano y unos temas muy parecidos a los de This is Forty (2012, Judd Apatow). Y, de nuevo, el film no consiste más que en una serie de prolongadas conversaciones entre sus protagonistas intercaladas por una sola secuencia de grupo que, de hecho, también nos relata en una charla distendida entre ellos, su anfitrión y otros amigos.

Esa pasión por la palabra es ya un sobrado motivo para considerar a Linklater, como decíamos, un extraño en el cine norteamericano. Before Midnight, como sus predecesoras, nos devuelve el placer de la sencillez, de algo tan aparentemente simple como observar a unos seres humanos moviéndose y disertando. Esa hechura emparenta a la trilogía de Linklater con el cine de Abbas Kiarostami, cuya situación más común consistes precisamente en un par de personas charlando y, a menudo, a bordo de un coche que vaga por la carretera o la ciudad (la segunda secuencia de Before Midnight parece sacada directamente de una película del cineasta iraní).

Es, en particular, Copie conforme (Copia certificada, 2010) la película de Kiarostami que más me recuerda a Before Midnight: también trata de una pareja que deambula por un país extranjero, bajo un espléndido sol mediterráneo, diseccionando los claroscuros de su historia de amor y pasando del apasionamiento a los más duros reproches y viceversa. Y hay en ambas películas sendas referencias, más o menos explícitas, a la misma película, Viaggio in Italia (Te querré siempre, 1954), obra fundamental de Roberto Rossellini. Linklater y Kiarostami son cinéfilos por encima de cualquier otra consideración, y tanto Before Midnight como Copie conforme son, además de bellísimos filmes sobre parejas de edad madura en crisis, paseos melancólicos por el paisaje del cine, por esas mil imágenes de amantes que charlan y se enamoran y se separan y se reconcilian y etc.

Por eso, Before Midnight no sólo me recuerda a Kiarostami, sino también a La notte (1961) de Antonioni, a Two for the Road (Dos en la carretera, 1967, Stanley Donen) y a las tormentosas parejas de las películas de John Cassavetes. Y cómo no pensar también en Eric Rohmer o Philippe Garrel, cineastas franceses que han construido todos o casi todos sus films sobre la base de gente que conversa interminablemente, sobre todo parejas en distintas fases del amor. Subyace en la película de Linklater un rico poso cinéfilo, la nutrida cultura de alguien que ha leído muchísimo y que ha devorado el cine europeo; definitivamente, es el menos americano de los cineastas americanos. Además, podemos deducir que Linklater, como si fuera un novelista, se retrata total o parcialmente en el protagonista masculino. Y no con autocomplacencia.

En suma, la aparente sencillez de Before Midnight se revela falsa por completo, pues sus plácidas imágenes están recorridas por una íntima reflexión sobre el cine y su poderosa relación con la vida. Puede que Linklater no sea un virtuoso de la técnica cinematográfica a lo Scorsese y la película tiene sus defectos, por supuesto; pero, por su sinceridad, por su hondura, por su elegancia y por su calidez, Before Midnight es profundamente conmovedora desde la primera secuencia, un diálogo memorable entre el protagonista y su hijo adolescente de una relación anterior cerrado por un indeleble primer plano del padre, hasta la última, que nos hace de nuevo evocar otros finales protagonizados por parejas con inciertas perspectivas, de Hiroshima, mon amour (Resnais) a L’avventura (de nuevo Antonioni). Nada que ver, en fin, con las innumerables naderías y cursiladas sobre amor y desamor que han poblado siempre el cine comercial.

Felizmente, los tres episodios de la saga han fluido con naturalidad a lo largo de tres décadas. Espero ya con emoción un hipotético cuarto episodio, quizás dentro de otros diez años, para seguir la maduración del cineasta, de sus personajes y de sus actores/coguionistas. Y, cómo no, también la mía como espectador.


[i]  Quiero hacer notar el absurdo embrollo que provoca el título español de la tercera: Before Sunrise fue Antes del amanecer, Before Sunset fue Antes del atardecer y Before Midight es, incomprensiblemente, Antes del anochecer. A ver quién es el guapo que distingue la segunda de la tercera dentro de unos meses…

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