La canción del camino

Cuando oigo a un grupo de occidentales hablando de la India en términos de gran experiencia espiritual, acostumbro a salir corriendo. Nunca he compartido esa afición por la filosofía oriental de algunas personas de nuestra clase media; la búsqueda de una difusa esencialidad a través de la meditación o el yoga me parece una impostura en la mayoría de los casos, una huída de un prejuicio a otro prejuicio; y, en mis dos únicos viajes a Asia, no he visitado la India del om ni el Japón del zen, sino adustas repúblicas socialistas.

Puede parecer que Mapa, el primer largometraje de León Siminiani, vaya en esa línea, y es posible que así sea hasta cierto punto. Pero va mucho más allá. Conjugando el documental y el diario íntimo a lo Nanni Moretti, el director narra en primera persona sus cuitas amorosas y vitales durante un periodo en el que, tras perder pareja y trabajo, viaja al norte de la India en busca de una revelación que acaba resultando la constatación de un nuevo enamoramiento. Vuelve a España e inicia un romance con Luna -a la que nunca vemos en el tiempo presente y de la que no llegamos a saber el verdadero nombre- a la vez que planea reconducir su película-diario con ella como objeto principal de un nuevo viaje filmado al país del Ganges. Pero esa historia de amor también se trunca y, entonces, Siminiani y su film caen en la desorientación y deambulan erráticos en busca, de nuevo, de un sentido.

Si Mapa es un documental, lo es de su propio proceso de gestación, presentado como un flujo de ideas, un tanteo azaroso. Es una de esas películas que se comentan a sí mismas constantemente: lo hace la voz en off de Siminiani, que no deja de informarnos sobre la intención de cada secuencia, de cada giro, incluso de cada encuadre. Estamos, pues, ante una interrogación sobre el propio cine, sobre qué hacer y cómo hacerlo para que las imágenes expresen algún tipo de verdad. La India de Siminiani no es la de un aficionado cualquiera a la meditación sino el escenario de films capitales de Jean Renoir, de Roberto Rossellini o, más recientemente, de Wes Anderson[i]. Y, de hecho, Mapa está sembrada de referencias cinéfilas, de Wong Kar-Wai a El caso Bourne.

La más importante de esas referencias surge en el momento crucial de la película, cuando, una vez que Siminiani ha perdido a Luna, recibe una invitación de su mejor amiga y ex novia Ainhoa para hacer una salida al campo “como en las películas de Truffaut”. El cineasta encuadra el póster de Jules et Jim de su estudio y nos muestra a continuación las imágenes de la excursión con Ainhoa acompañadas por la música de Georges Delerue para el film de François Truffaut. En ese punto, cuando el realizador se encuentra sin rumbo y decide hacer una especie de aparte, su cine reencuentra una cierta belleza, una cierta verdad; y no la encuentra en la India, sino en la Francia de la Nouvelle Vague, en un cineasta que siempre representó un arrebatador hermanamiento entre la vida y el cine.

Mapa, decíamos, se interroga sobre los mecanismos íntimos del cine, sobre lo que tiene de búsqueda de un sentido, de una historia, de una imagen reveladora… y de una amada inalcanzable. Y nótese que incide, además, en el diálogo entre el recuerdo y el olvido, entre el pasado y el presente. Durante la parte central de la película, Siminiani se obsesiona por la utilización de unas filmaciones de Luna cuando era adolescente que, en teoría, deberían rimar con la imagen de una niña que él mismo ha registrado en la India. Cuando por fin observa -y nos muestra- la home movie de Luna en su pubertad, descubre que no significa nada para él, que la genuina imagen de su amada reside en la de la niña india que no es ella. Buscando a su Luna, da finalmente con la verdad del cine, con la Luna de Méliès.

No es Mapa una película redonda. A ratos, su incesante egotismo resulta algo gazmoño, y no me convence su manera de orillar la dimensión social de lo que filma (es loable que nos explique que no quiere discursear sobre la pobreza en la India o el movimiento 15-M desde una superioridad moral artificial, pero no creo que haya que rechazar ese tipo de digresiones como si no tuviera cabida en el discurrir del cine, pues no es exactamente así). Pero, imperfecciones a parte, el conjunto es de una honestidad encomiable. Y no puede pasarnos por alto su parentesco con las obras de otros cineastas españoles actuales que también se ocupan de la materia del cine en sus películas: Guest, el largometraje en el que José Luis Guerín narra sus viajes en primera persona como Siminiani: o El muerto y ser feliz, de Javier Rebollo, cuya voz en off también comenta sin pausa el devenir de la película; o el cine de Isaki Lacuesta, y en concreto un momento de su correspondencia filmada con -precisamente- una cineasta oriental, Naomi Kawase, que muestra, igual que la primera secuencia de Mapa, las imágenes de una mujer amada vagando por un paisaje desértico.

Otro momento fundamental de Mapa es su instante final, su último plano. Ainhoa sostiene la cámara y filma a Siminiani en Madrid, partiendo de nuevo hacia la India. Él la llama para que se acerque y ella responde algo así como: “siempre me dices ‘ven, ven’, y luego ‘espera, espera…’”. Ésa es la verdad revelada por la película: el cine como llamada incesante, como discurrir inagotable que está condenado a la imposibilidad como búsqueda y a la eternidad como flujo poético (pienso de nuevo en El río de Renoir). El primer largometraje de Siminiani, que está además repleto de música, podría haberse titulado La canción del camino, como el también primer largometraje del gran cineasta bengalí Satyajit Ray. Apegada a esa dialéctica entre búsqueda y devenir, Mapa no es finalmente la tontuna de un occidental de clase media flipado por la filosofía oriental sino un encuentro verdadero con algo esencial.

En fin, puede que, en mi próximo viaje a Asia, yo también me plantee ir a la India.

(Publicado en Sigue leyendo)


[i] Debo añadir el caso de Chris Marker en Japón, donde gestó Sans soleil, por ser un cineasta y una película cuyas huellas están muy presentes en Mapa. Sin ir más lejos, fijémonos en que Siminiani nos interpela desde el estudio de su casa en el que monta su film, a la manera de Marker.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s