Gente corriente

¿Dónde están los estadounidenses en el cine americano? A menudo, tengo la sensación de que Hollywood presta poca atención al pueblo de su propio país, que apenas se encuentran algunas pistas de los norteamericanos comunes y corrientes en su cine. Por eso, me llaman la atención películas como The Accidental Tourist (El turista accidental, 1988, Lawrence Kasdan), Once Around (Querido intruso, 1991, Lasse Hallström) o Nobody’s Fool (Ni un pelo de tonto, 1994, Robert Benton), filmes desiguales y de diversa naturaleza pero que parecen compartir un tema mayor, esto es, el americano normal, sus circunstancias y desasosiegos.

Se me ocurren al menos dos cineastas que, actualmente, están haciendo de esa gente corriente el motivo de su cine y que, significativamente, ambientan sus películas en ese Medio Oeste en el que habitan los más normales entre los norteamericanos normales, gente anodina que vive lejos de los dinámicos y glamurosos extremos del país, Nueva York y California, escenarios de la mayoría de las películas americanas más famosas. Me refiero a Alexander Payne y a Jason Reitman. El primero es el guionista y director de películas como About Schmidt (A propósito de Schmidt, 2002), Sideways (Entre copas, 2004) o la reciente The Descendants (Los descendientes, 2011), sin olvidar un memorable episodio del film colectivo Paris, je t’aime (2006)[i]. Por su parte, Reitman es el responsable de Juno (2007), Up in the Air (2009) o la recientemente estrenada Young Adult (2011). Es esta última una tragicomedia amarguísima sobre una escritora en declive que, a los 37 años y tras un fracaso matrimonial, intenta retomar el rumbo de su vida aferrándose al pasado mientras va cayendo en la depresión y el alcoholismo.

La vacuidad de una vida adulta falsamente exitosa y el agrio espejismo del sueño americano eran también los motivos centrales de Up in the Air, centrada igualmente en la figura de un adulto que intenta consolidar un amor estable y se ve obligado a asumir que ha hecho tarde, que la oportunidad ya pasó, que cierta felicidad no tiene cabida en la existencia deshumanizada que ha elegido. A Young Adult, podemos buscarle también un cierto parentesco con About Schmidt, de Payne, por cuanto representan un reflejo del tedio insondable que domina la vida de los habitantes del Medio Oeste, representados en ambos films como una especie de zombis que subsisten anulados por los valores del consumismo y el conservadurismo norteamericanos.

A su manera, Reitman y Payne están dibujando una serie de retratos veraces de los sinsabores de la vida bajo el capitalismo sin pretender, felizmente, articular ningún tipo de discurso social o político en sus películas. De hecho, lo que más aprecio de ellas es ese tono ligero con el que se nos presentan, esa manera de abordar cuestiones graves e íntimas referentes a la miseria de la vida de los estadounidenses sin caer en el trazo grueso ni en lo ridículamente trágico. Fijémonos, por ejemplo, en la liviana elegancia con la que se expresa una película sobre pérdidas dolorosas, desengaños insuperables y tránsitos traumáticos como Los descendientes, seguramente la más lograda de entre todas las que estamos comentando.

Payne y Reitman están devolviendo la identidad, la imagen e incluso algo de dignidad al pueblo norteamericano[ii]. Y no es casualidad que sus películas compongan, en conjunto, un relato tan melancólico sobre unos seres que han perdido el tren, que ya no afrontan el futuro con esperanza sino con miedo, que viven deprimidos en un vacío ineluctable y añoran un pasado en el que parecía que la vida podía llegar a ser otra cosa. Esos cineastas están captando algo esencial de la América actual al hablarnos de la dificultad de asumir la vida adulta y los sueños rotos que comporta. Y lo hacen sin juzgar a sus personajes ni dar pomposas lecciones de moral, dos pruritos en apariencia ineludibles en el cine de Hollywood de hoy. Muy al contrario, Payne y Reitman parecen asumir que, como decía Octave en La regla del juego, cada uno tiene sus razones, que no hay en realidad héroes ni culpables sino que todos los individuos compartimos la condición de víctimas de las circunstancias y una evidente fragilidad. No me resisto a mencionar el impactante último plano de About Schmidt, uno de esos finales que redimensionan toda la película y que contienen algo intenso y verdadero, un instante de cine genuinamente singular. Ese solo plano de Jack Nicholson resume la naturaleza de los personajes de las películas a las que nos referimos.

Tampoco es casualidad que Payne y Reitman hagan un cine imperfecto, películas de vuelo raso, sin pretensiones de grandeur y a veces incluso mediocres (el lector puede tener la certeza de que no es Juno el film que ha inspirado estas líneas…). Esa imperfección acaba resultando muy pertinente pues tal vez un lenguaje imperfecto sea un medio de expresión privilegiado del estado de las cosas en un tiempo tan marcado por la melancolía. También la melancolía domina el cine americano de hoy, un cine que siente que su fórmula se ha agotado y busca desorientado una manera de expresarse, de estar en el mundo. Como la protagonista de Young Adult, aferrada patéticamente a una felicidad pasada e intentando seguir escribiendo, dar con algo que sea la continuación de lo que ha hecho pero que recupere la vigencia. Habrá que prestar atención a las benditas películas imperfectas para seguir indagando esa tensión que podría ser la propia esencia del cine americano actual[iii].

(Publicado en Sigue leyendo)


[i] Payne es, además, uno de los productores de Cedar Rapids (Convención en Cedar Rapids, 2011), una comedia ambientada también en lo más anodino del Medio Oeste estadounidense en la que subyace algo de ese retrato del americano común y de la mediocridad de su vida.

[ii] Como también lo hizo de otra manera, centrándose en la América de los desheredados, Clint Eastwood con Million Dollar Baby (2004) otro “ovni” en el cine estadounidense actual que se ocupa de una gente que no acostumbra a transitar por las películas de hoy en día.

[iii] Esa tensión, ese tránsito doloroso, está también en el cine de Greg Mottola que, a diferencia del de Payne o Reitman, no se centra en personajes adultos sino en el paso de la adolescencia a la madurez posterior y, a su manera, también esboza un melancólico retrato del americano común de hoy en día. Pienso especialmente en Adventureland (2009), un film fundamental, algo así como la versión actual de The Last Picture Show (La última sesión, 1971, Peter Bogdanovich).

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