Elogio del amor

¿Qué mejor manera de acabar el año y hacer un balance que viendo la última película de Jean-Luc Godard? No es, desde luego, un cineasta accesible. Ni sus películas son fáciles de ver (la cosa queda en manos de la programación de las filmotecas y de las ediciones más selectas de DVD), ni resultan muy comprensibles para quien esté demasiado habituado al cine “convencional” o poco familiarizado con su cine. Pero vale la pena el esfuerzo. Ha llegado a dos salas pequeñajas de Barcelona su último largometraje, Film Socialisme. No será, sin duda, un gran éxito de taquilla; ni siquiera creo que aguante muchas semanas en cartel. Pero, aún así, podría decirse que es el acontecimiento cinematográfico del 2010.

Aclaremos, de entrada, que no estamos en el terreno del documental ni en el de la ficción. Como casi todas sus películas, Film Socialisme es un ensayo. ¿Sobre qué? Sobre nuestro presente, sobre cómo hemos llegado hasta aquí, sobre cómo filmar todo eso… El pensamiento godardiano es complejo, vasto e intrincado. Reflexiona en paralelo sobre el cine y sobre el ser humano. Y, sobre todo, se niega a hacerlo de una manera domesticada, o maniquea, o facilona. Transita los límites del lenguaje (cinematográfico o no) buscando formas más justas, expresiones más libres. O tal vez no sea eso exactamente; para mí, el cine de Godard es inabarcable y desconcertante, y ése es uno de los motivos principales por los que me apasiona.

(…)

Godard tiene razón, ¿por qué hacer un discurso unívoco y simple si las cosas son sumamente complejas? Lo más interesante de las películas, de las pinturas, de los libros y hasta de las personas es aquello que no comprendemos completamente, esos matices que no dejan nunca de sorprendernos. Querer abarcar completamente algo es una manera de ahogarlo; es mejor asumir lo inefable. Además, como afirma Godard a través de uno de los personajes de su película, las ideas nos separan, los sueños nos unen.

Hacemos demasiadas afirmaciones categóricas y nuestro conocimiento está sembrado de certezas inamovibles. Por eso, la realidad desafía constantemente nuestras ideas, y es justo y necesario que así sea. Si mantenemos los ojos abiertos y nos dejamos desconcertar, cada día podemos enamorarnos de nuevo del mundo. La belleza, el socialismo, alguna nueva verdad está siempre a la vuelta de la esquina. Y, tal vez, no haya mejor manera de responder a una pregunta que formulando otra; no es un elogio de los gallegos, es un elogio del amor, por nosotros mismos, por alguna cosa. Y por Godard. Feliz año nuevo.

(Publicado en A fons Vallès)

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